HISTORIA DEL AIKIDO

 

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La infancia del Gran Maestro.

 

Morihei Ueshiba nació en noviembre de 1883 en Tanabe, provincia de Kii (en la actualidad, Prefactura de Wakayama). Durante los primeros quince años de su vida tuvo un aspecto débil, de cuerpo menudo y delgado, pero no por ello carecía de mentalidad fuerte, algo que lo caracterizó durante toda su vida.

 

A los 18 años, en 1901, inició sus primeros pasos para estudiar el camino del Budo, algo que había soñado desde muy joven. Viajó a Tokio donde trabajó en la calle como comerciante mayorista mientras que estudiaba Jujutsu por las noches en la escuela Kito-ryu. Pero debido a su debilidad del cuerpo, contrajo la enfermedad del beriberi, por lo que abandonó su práctica y regresó a Tanabe. Una vez se recuperó, comenzó a fortalecer su cuerpo durante dos años hasta que se decidió por viajar  Sakai para estudiar en la escuela del Yagyu-ryu Jujutsu. Donde puso en practica sus conocimientos marciales en numerosas ocasiones otorgándole cierto renombre en el pueblo, incluso llegando a preocupar a su padre.

 

Los inicios.

 

Después de un período en el ejercito durante la tensa situación entre Rusia y Japón, abandonó el servicio militar y empezó a estudiar Judo de la mano de Kiyoichi Takagi por aquel entonces 3º Dan. Fue en 1910 y después de haber superado otra larga enfermedad que lo obligó a estar en cama durante medio año, cuando decide irse como colono a Hokkaido. En 1915, después de una larga estancia en la nueva región de Japón, conoce al maestro Sokaku Takeda, del Daito-ryu Jujutsu. Según cuenta, el maestro Takeda, elogió el talento de O’Sensei y comenzó a enseñarle su escuela. El Daito-ryu Jujutsu tenía una larga tradición y fue una escuela iniciada por el Príncipe Sadazumi, sexto hijo del Emperador Seiwa, en el siglo IX y que permaneció imperturbable hasta el mismísimo Takeda. Sokaku Takeda era reconocido por muchos como uno de los últimos samuráis de Japón. Fueron muy sonados sus numerosos combates, en una extraña afición de no rechazar nunca ningún duelo. Además, se decía que como samurái errante, si en algún momento escuchaba de algún camino dominado por bandidos y maleantes, el propio Takeda modificaba su rumbo para poder pasar por dicho camino, sin que nunca más se volviesen a ver a los bandidos. Incluso, se decía que sentía la obligación como samurái, de acabar con la vida de aquel que atentara contra las doctrinas que dictaba el Bushido (esto se le conocía como Kirisute Gomen). Con razón se ganó el sobrenombre de “Tengu”, o pequeño demonio de Aizu, debido su mal carácter y su corta estatura.

 

Descripción: OS-2

 

El entrenamiento con Takeda perduró hasta 1919, cuando el maestro Ueshiba recibió un telegrama en el que se le comunicaba que su padre estaba muy enfermo. Debido a esto, abandonó Hokkaido y cedió todas sus propiedades al maestro Takeda. Fue de regreso a su casa cuando escuchó hablar del sacerdote Wanisaburo Deguchi, líder de una nueva religión llamada Omotekyo, a la cual se unió con el fin de solicitar plegarias para salvar la vida de su padre. Sin embargo, cuando llegó a casa comprobó que su padre había muerto. Después de constantes oraciones, emprendió un viaje con el sacerdote Deguchi a Mongolia, para ayudarle a predicar su religión, aunque algunas fuentes hacen sospechar que ambos fueron con la intención de amasar grandes fortunas. Sin embargo, Deguchi era una persona buscada por el Emperador y ambos pasaron su estancia en Mongolia como fugitivos, sin apenas comida, hasta que finalmente pudieron regresar de nuevo a Japón.

 

FORMACIÓN DEL AIKIDO

 

Los comienzos.

 

Cuando el maestro Ueshiba regresó a Ayabe después de haber estado en Mongolia, era conocido como un magnífico guerrero, de ahí que numerosa gente acudiese a visitarlo a su casa. Uno de los visitantes fue el vicealmirante Seikyo Asano que le presentó numerosos contactos de la Marina, incrementando notablemente su popularidad.

 

Finalmente, a causa de las continuas visitas para aprender sus conocimientos en el Budo, creo un gimnasio provisional, hasta que se trasladó a Tokyo donde estableció definitivamente su dojo, en el año 1927, en el palacio del príncipe Shimazu, donde la realeza y algunos de los más prestigiosos generales de Japón practicaron asiduamente en su escuela. La reputación de O’Sensei aumentó en gran medida, y sobretodo acudieron a él numerosos judokas enviados por el propio fundador del Judo, Jigoro Kano. Es más, cabe decir que el primer uchi-deshi (alumno interno, es decir, que vive junto al maestro), fue un 6º Dan de Judo llamado Takeshi Nishimi. Tal era la afluencia de gente, que en 1929 se vio obligado a construir un nuevo dojo mucho más grande, que estableció como dojo central.

 

A ese dojo acudió el maestro Jigoro Kano acompañado de numerosos de sus alumnos, para visitar y conocer a O’Sensei, del que habían escuchado hablar tanto. Según fuentes, el propio Jigoro Kano quedó asombrado con el estilo del maestro Ueshiba, llegando a decir del Aiki que “era su budo ideal”. Incluso el propio Jigoro Kano reconoció que le hubiese encantado poder contratar a Ueshiba para que diese clases en el Kodokan, sede central del Judo, pero al ser O’Sensei un maestro de pleno derecho, decidió enviar a sus más altos grados para que aprendiesen este noble arte. Fue entonces cuando llegó al dojo maestros como Nagaoka, Minoru Mochizuki, Jiro Takeda, etc.

 

El dojo del infierno.

 

En 1931 había un total de cuarenta alumnos residentes o uchi-deshi, casi todos altos grados de Judo y/o Kendo. Rebosantes de vitalidad, su lugar de entrenamiento fue reconocido por muchos budokas, como el “Dojo del Infierno” pues practicaban con gran dureza. Entre sus integrantes se encontraban, Inoue, Kamata, Hajime, Iwata, Mochizuki, Murashige, todos ellos enviados oficialmente por el Kodokan. También integraban sus filas grandes nombres como Gozo Shioda, Tadashi Abe, Kenji Tomiki, Tenshin Hoshi, Shigemi Yonekawa, Rinjiro Shirata, Zensaburo Akazawa, etc. Por aquel entonces, el arte marcial de O’Sensei era conocido como el Aikibudo, aunque ya había pasado por númerosos nombres: Ueshiba-ryu, Aiki-jutsu, Aikibujutsu, Tenshin Aikibudo, Takemusu-aiki, hasta que finalmente en el año 1942 registra el nombre de Aikido.

 

Aikikai y fallecimiento del fundador.

 

En 1948, el Ministerio de Educación japonés, le concedió el permiso de establecer su sede central en Tokyo, por lo que inauguró el “Ueshiba Dojo” en la capital japonesa y lo estableció como Sede Central Mundial del Aikido. A partir de entonces, a pesar de impartir clases de defensa a los policías de la ciudad, tornó su entrenamiento hacía un camino más espiritual, probablemente como consecuencia de su envejecimiento.

Continuó trabajando por el desarrollo de su arte marcial viajando incluso a Estados Unidos en una ocasión, con motivo de la apertura de un nuevo dojo. Además realizó numerosos reportajes en televisión. Esto provocaba atraer cada vez más y más practicantes de todas partes del mundo y de todas las disciplinas.  Finalmente en 1969 fallece a causa de un cáncer de hígado. Su hijo Kisshomaru Ueshiba heredó la obligación de continuar con el camino de su padre en favor de difundir este noble arte.